martes, septiembre 25, 2012

“Lo que me llevó a la escritura fueron el impulso y la flojera”, declara el autor de Eros díler


Autor de la novela Eros díler, publicada por la editorial Jus junto con la Dirección Municipal de Cultura de Torreón, Nazul Eliel Aramayo García, el novelista cholo de la narrativa mexicana de 27 años de edad, aún con toda su inmadurez y su testosterona a flor de piel, motivo de muchos impulsos desastrosos en la virilidad, ha sido becario del Programa Estatal para la Cultura y el Desarrollo Artístico de Coahuila (Pecda) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), en el área de jóvenes creadores.
Además, publicó cuentos y crónicas en la página de internet de Revista Replicante. Actualmente, es columnista y miembro del consejo editorial de www.suplementodelibros.com
Diario de Colima entrevistó a este joven escritor mexicano.
Así, primero aclaró tajante: “Lo que me llevó a la poesía fueron el impulso y la flojera”. Y agregó: “El momento, lo espontáneo, la necesidad, el gusto, el accidente en unos versitos”, lo llevaron a forjar Eros díler.
Por eso, explicó su talento creativo de una forma muy simple: “Esto porque después de leer un libro que me gustó sentí un placer que se prolongó con la escritura. Cuando decidí que quería escribir, dejé los poemas y me enfoqué en la narrativa”.
Eros díler ha tenido buena recepción por parte de la crítica, mencionó. “¿Qué se dice de él? Que es chido, vertiginoso, fresco, divertido, hostil, cachondo, adictivo, que dice las cosas al chile, que dice palabras muy bonitas llenas de verdad, que rifa”. Y, con ironía, agregó: “Te paso los comentarios buenos, de los malos no me los dicen en la jeta y yo no me entero”.
Sin pudor, rememoró: “Los poemas los escribí para diversas nenas. A veces en un mismo poema iban varios que me gustaban de varias. Es algo así como un milagro de la poesía: escribir para una pensando en varias”. O al revés: “Escribir para varias pensando en una”. Sin embargo, es sincero: “Pero en poesía prefiero reservarme el derecho a que me lean.
“A veces me gustaría que Irán Castillo me leyera o Belinda o que Cártel de Santa o Danna Paola cantara algo mío. Lo reitero: únicamente escribo poemas como ejercicio para aquilatar la prosa. Y mi primera novela no tiene dedicatoria. La que escribo ahora sí tiene una persona a quien le digo todo lo que ahí está: mi novia”.
A pesar de todo, desconfía de eso que reconocemos como inspiración, “creo que existen detonadores. Algo permanece oculto y que de pronto suceden algunas conexiones intraducibles que hacen de algo decante. Entonces es un buen momento para que ese instante te agarre trabajando y con herramientas para que no se pierda”.
Argumentó que fue una decisión premeditada escoger un ambiente cholo, malandrín, de vago de barrio, pues toda Eros díler sucede en el centro de Torreón, “porque ahí pasé muchos años en una tienda, porque me encantan las palabras matonas que muchos dicen que son nacas o feas o vulgares y porque me gustan las morritas y quería tirarles verbo y ligar”.
Pero fue esto un intento vano, “y debido al fracaso de lo último, aposté por la propuesta lingüística: sacarle la leche a las palabras y mamadas de mi ciudad, escribir con palabras que para muchos significan un límite y para mí son detonadores de una experiencia vital. Bueno, eso es lo que busco con la literatura y en mi vida. Transgredir. Apostar. Dejarse caer”.
Confesó que los escenarios del barrio, el ambiente cholo y la violencia son elementos que están en sus narraciones y poemas, porque se viven todos los días. “El lenguaje de la Comarca Lagunera me parece muy rico, la oralidad entona machín, aunque tampoco escribo una calca realista de mi sociedad. Busco poética. Elementos urbanos, oralidad, cumbias, peladez, bailongo, celebración y hastío”.
Eso lo confirma en uno de sus poemas de Eros díler, versos libres que funcionan como capítulos en su novela; he aquí uno, titulado “El santo rosario sin límite de tiempo”: “apareciste virgen en un muro/ en oración tus piernas juntas/ dos navajas morenas abriendo el cielo/ sin maquillaje”.
Concluyó, casi espetando: “de México me desagradan los mexicanos. Si me fijo en lo que me desagrada de este México, de la sociedad y todo el rollo lo hacemos nosotros los mexicanos. Pero mi desagrado tiene énfasis en los políticos y en los religiosos, y actualmente en los narcos, los sicarios, todos los culeros. Cambiaría la música nacional, que ahora es la mariconada del mariachi, por el conjunto norteño”.

por Armando Martínez Orozco

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Diario de Colima
14 septiembre 2012

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