lunes, febrero 06, 2012

Ahogaperros: El destructor


A Dimitri Acosta


Final de la Liga Mayor de Béisbol de La Laguna. Sandilleros de Tlahualilo contra Saraperos de San Pedro. Serie 0-3 a favor de San Pipas. 15 de enero de 2012 a las 13 horas, cuarto de la serie. En las gradas, el griterío y la bulla, vendedores de cerveza y refresco, gordas de cocedor y burritos, semillas, duros con salsa, crema y repollo. El terreno de juego: jardín y diamante convertidos en pura tierra suelta. Al fondo, tras la cerca de madera verde, tres niños cubriéndose del solazo con sus playeras sobre la cabeza son los encargados de colocar los cartones de las carreras. ¿Aguantarán las nueve entradas? Hay morritos que se desmayan, es un ritual en esta pródiga tierra beisbolera conocida como la Comarca Lagunera.

Dos horas antes viajé de Torreón a San Pedro con mi primo Dimitri, segunda base de los Sandilleros. Ya nos cantó el chencho, sentenció. Se augura que será el último de la serie. Los Saraperos traen picheo y un monstruo: Daniel ‘El Destructor’ Yépez, un pelado alto, trabado, morenazo y con panza caguamera; el arquetipo del héroe.

Marco, un camarada oriundo de San Pedro, me advirtió que tuviera cuidado en el baño, va puro viejito que se saca la riata y orina donde puede, hasta en la puerta, una vez le orinaron las botas a un compa apenas entrando, pinches ruquitos son unos salvajes. Voy con cuidado. En los miaderos se escucha la voz del comentarista del estadio que me recuerda a la voz que anuncia a las chicas del téibol. Un tono entre golpeado y seductor. Pero lo de hoy no es el baile, lo de hoy, en San Pedro, es el porno amateur grabado con celular. Lo descubrí y me volví fan de los pinches culos sampetrinos bien dados a dos megapíxeles. A la sorda y a la descarada, San Pipas posee la colección virtual más grande de chichis y nalgutias de rancho.

Salgo del baño y miro a los policías estatales con sus fuscas sonriendo por la paliza que Saraperos le atiza a Sandilleros. Hay que precisar que Tlahualilo pertenece a La Laguna del Estado de Durango. En ese momento, un jonrón del ‘Destructor’ Yépez por el jardín izquierdo hace que el estadio hierva; se siente cerca el título. Cholos, viejitos, rancheros, reggaetoneras, beisbolistas, una raza festiva como tierra alebrestada.

En ese punto del estadio, rodeado de aficionados y jugadores, me llega un recuerdo epifánico: esto es PopStock!, el territorio imaginario de Carlos Velázquez (Coahuila, 1978) en La Biblia Vaquera (Sexto Piso: 2011). Aquí pudo haberse filmado el submundo rancheril de la mano de William S. Burroughs y un cassette de boleros norteños que aparece en el cuento “El díler de Juan Salazar”. Aquí vivimos una sociedad mutante.

Popstock! o San Pedro de Las Colonias revisited.
La tarde terminó con una paliza de 19 carreras de Saraperos contra 6 de Sandilleros. Ni qué te puedo decir, abracé a Dimitri. No digas nada, nos lamió la ballena. Salimos del estadio y nos enfilamos rumbo a unos lonches de pierna de puerco a la salida de San Pedro. Nos acompañaron dos Sandilleros que platicaban sobre la exquisita tradición del béisbol profesional: pisa y corre o la vida sexual en la Liga Mayor, la Liga del Norte, la Liga Mexicana, etcétera.
Lo que me recordó que junto a las Vaqueritas Tecate alcancé a ver la figura alta, esbelta y groseramente maquillada de una rubia; una vestida sampetrina apoyando a su garrote como en el cuento “La jota de Bergerac”, de La marrana negra de la literatura rosa (Sexto Piso: 2010), el negro cubano y su amorío con una hermosa travesti pero con una nariz descomunal. Amor de deportistas, amor a la sorda. Carlos Velázquez encontró historias que mezclan la cotidianidad con un lenguaje nuevo. El norte de México transgénero.

Pasamos un retén del ejército mientras bebemos Tecate de 24 onzas. Olvidé pedir a mis camaradas de San Pedro más videos porno para mi Blackberry. Pese a la derrota nos vamos satisfechos. Qué decir: la realidad supera por mucho la ficción. La ficción crea mundos para acercarnos a la realidad...
columna
en librosampleados

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