martes, enero 10, 2012

Parábola del moribundo, de Jaime Muñoz Vargas



¿Cómo contar la vida de un escritor en provincia? ¿Cómo narrar sin chillidos de autocompasión el marginamiento en el que subviven los artistas de una aldea?” La respuesta se encuentra en Parábola del moribundo, de Jaime Muñoz Vargas (Gómez Palacio, Dgo., 1964), ganadora del Primer Premio Nacional de Novela Corta Rafael Ramírez Heredia 2009.

Santiago Macías —escritor de Torreón, Coahuila— publica un anuncio en el periódico: “Experto en escritura. Redacto en computadora trabajos de todo tipo sin errores ortográficos ni sintácticos. También labro cartas amorosas”. A partir de este juego la novela se desata y narra las múltiples chambitas para la supervivencia de un poeta apenas publicado en suplementos y ediciones de poca o nula circulación. Mediante este aviso en los clasificados Santiago redacta trabajos de preparatoria, tesis universitarias, informes de gobierno, edita poemarios de señoras con ganas de una barnizada intelectual y, el motor de la historia, escribe cartas cursis para su clientazo y mecenas Vicente Caballero.

Con una prosa maliciosa, humorística, cargada de juegos de palabras, Muñoz Vargas nos muestra el pequeño universo cultural de la Comarca Lagunera de Coahuila y Durango (Torreón y Gómez Palacio, respectivamente): los empresarios del periodismo gandalla, los seudoescritores amargados, las poetitas de pose pero sin poesía, los políticos y los dueños del mundillo artístico que amarran negocios sin ningún vínculo con el público. Por el otro lado y de la mano de Vicente Caballero, un sexagenario cachondo y carismático, Parábola del moribundo narra la explosión de vida y jodidez de la noche lagunera: las teiboleras, los sacaborrachos, los parroquianos, los franeleros, las prostitutas sin ánimos de canonización.

Santiago Macías, a sus treinta y tres años, se pregunta “¿Cómo escribir esto?, pensé. ¿Cómo atrapar con palabras este horror, la monstruosidad de esta cervecería del perromundo?”. Éste es el sazón de Jaime Muñoz, el intento por asir, mediante herramientas lingüísticas, la realidad horripilante. Desde neologismos, adjetivos irónicos e inteligentes hasta el habla coloquial. El lenguaje no como un experimento para entendidos. Sino como un protagonista de la narración, cada grupo de personajes maneja expresiones que remiten a realidades socioculturales y psicológicas particulares.

Las cartas cursis y amorosas logran su efecto. De tal forma que Vicente Caballero se vuelve amigo y patrocinador de Santiago. Aparece entonces el submundo de arrabal y sexo de La Laguna, la jerga del insulto y el romanticismo del bolero ranchero. “Ahora que ya leo poesía puedo decirles cosas bien bonitas a las pinches viejas, ¿no?”. También aparecen los periodistas y creadores agachones y lamescrotos, temerosos de quemarse y cerrarse las mínimas puertas de la cultura ranchera: “cuídate de ofenderla. Lo primero que hace es difamarte por todos lados, bloquearte las áreas de posible trabajo e ir con sus amigos de los periódicos para que nunca más se imprima allí tu nombre. Es una mujer muy enferma. Dicen que la neurosis se le agudizó desde que su marido tiró la toalla y salió huyendo”.

Las aventuras de Santiago y Vicente llevan de forma amena a un final sorpresivo e ingenioso. En el trayecto la amargura y el resentimiento encuentran su alivio en la literatura.

Jaime Muñoz Vargas, uno de los autores más prolíficos y reconocidos de la Comarca Lagunera, logra una novela con un amplio registro de voces. De la burla, la ironía a las preocupaciones, la honestidad. Con humor y malicia Parábola del moribundo es un retrato multifacético de la supervivencia fuera de las grandes capitales.


Reseña:
Muñoz Vargas, Jaime. Parábola del moribundo. La Cabra Ediciones, Instituto de Cultura del Estado de Durango, Instituto Politécnico Nacional, Fundación Guadalupe y Pereyra, 2009

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