martes, enero 31, 2012

Mica chueca, de P. J. Sáinz


Mica chueca, novela en cuentos para la plebada inmigrante ofrece un recorrido por la zona mexicana de Los Ángeles, Huntington Park, el Eastside de .LA. A partir de estampas, narrativa fragmentada y un ágil uso del espanglish, P. J. Sáinz nos muestra el mundo de los mojarritas: cholos wannabe, chúntaros, vaqueros, narcojúniors, chilangos que escuchan al Tri, nalguitas sinaloenses, chicanotes, raza de ningún lado, de ningún lugar.

La primera parte, “Mica chueca”, narra la historia de René Gaxiola, un inmigrante de Navolato que busca el sueño de cualquier mojarra: tener la green card, el seguro y la ID, es decir, la mica. El que no la tiene, se sabe, vale verga; así de sencillo.

P. J. Sáinz recurre a pequeñas escenas, anécdotas, diálogos cortos, información sobre la Aministía de 1986 y el fenómeno migratorio en Sinaloa para mostrar la diversa fauna de la High school. La reina del Booty Club, Juliana Osuna, el culito más famoso entre la plebada; el cocodrilo y narcojúnior Marco Gaxióla, Angie la salvadoreña que es llamada por la banda mexicana la Cerota. Aparecen los paseos por la Pacific donde están el Bank of America, el Woolworth’s, la Ritmo Latino, los Tacos México, la Warner’s, la Fallas Paredes que es la tienda donde la mayoría de los paisas compran ropa barata y de marca.

Volverse residente a como dé lugar, maldecir a los padres por darles ese destino trunco de vivir indocumentado, son las constantes entre los morros de la High. También burlarse de los recién llegados, de los que no pronuncian bien el inglés, discriminar a los de origen centroamericano. “En español, un cerote es un pedazo de mierda; en el idioma de mi mamá, un cerote es cualquier centroamericano, cualquier salvadoreño, guatemalteco, hondureño o nicaragüense”.

La segunda y última parte, “Los Ángeles, Sinaloa”, resulta un quiebre total respecto a la primera. Aquí los personajes desaparecen y dan paso a fragmentos que tratan sobre cómo escribir narcocorridos, viñetas chúntaras, un adicto a Los Tigres del Norte y, el mejor momento de la segunda parte, la “Historia completa de la Guerra del ‘92”.

Este fragmento narra los disturbios en la Pacific después de una manifestación en repudio a la decisión de declarar inocentes a un grupo de policías que golpearon brutalmente a un paisa.

El lenguaje no permite concesiones. P. J. Sáinz narra desde la nostalgia, los sueños y la depredación. Aquí no hay moral. “La neta, lo hice / por salir en las noticias, / por correr por las calles de Huntington Park quebrando vitrinas de establecimientos, / por no quedarme en casa encerrado mientras afuera / los demás luchaban por conseguir el más moderno sistema de sonido con cd y ecualizador. / Por mí que la placa le parta / la madre / a cuanto / pinche negro / ande suelto por / Los Ángeles”.

Mica chueca, entrelaza diversos fragmentos que van desde el relevo generacional hasta capítulos de Los Simpson. El lenguaje fronterizo entre el inglés y el español, además de retratar la difusa identidad de millones de migrantes, da un ritmo acelerado y oral a la novela. Finalmente, Los Ángeles se nos revela como el lugar “donde todo vale pura verga aunque tengas tu mica chueca”.


Reseña
Sáinz, P. J. Mica chueca, Fondo Editorial Tierra Adentro. México, 2009.

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miércoles, enero 18, 2012

La Biblia Vaquera, de Carlos Velázquez


Desde su primera presentación en sociedad en 2008, editada por el Fondo Editorial Tierra Adentro, La Biblia Vaquera, de Carlos Velázquez provocó algo muy parecido a un sismo, una entrada ruda y directa a la arena de la literatura mexicana. La crítica celebró el libro. En Letras Libres, Rafael Lemus habló de la Biblia como “el producto más iconoclasta y divertido de esa narrativa [del norte]”. Sergio González Rodríguez en el periódico Reforma dijo que “es uno de los libros más extraordinarios que ha inventado el norte de México para comprenderse a sí mismo y poner frente a los demás un espejo de sarcasmos que delata toda clase de presunciones. Vida, literatura, humor y crítica en una sola tirada”.

Y es que La Biblia Vaquera es todo lo que, desde diversas tribunas culturales y talleres literarios, nos sentenciaron que no era literatura. Carlos Velázquez logra una mezcla entre lo supuestamente no-literario (la irreverencia, el humor iconoclasta, lo inverosímil y la peladez) y la creación de un lenguaje nuevo.

Encontramos personajes que son luchadores, diyéis, santeros, artistas plásticos, vendedores de cidís piratas, compositores de corridos, dílers, drogadictos homosexuales, una gorda que parece un pan francés y hasta el mismo diablo que se lleva una dama al baile. El protagonista, sin embargo, es The Bible que a veces toma forma de un instrumento musical, unas botas vaqueras, una gorda; un concepto que se amplia por la explosividad verbal de Velázquez. Dicho de otra manera, el verdadero protagonista es el lenguaje, la destrucción y la resignificación semántica, neologismos, mixtura de palabras para una realidad que no responde al cliché que se tiene del norte de México.

Si en The Western Bible buscas narcos, mujeres sabrosas, balazos, trocas y hieleronas no los encontrarás. Los cuentos de Carlos se alejan del estereotipo. Debajo del narco también existe un país. Una sociedad mutante. Y la manera más clara de ver este cambio radica en el uso de la lengua.

La mayoría de las letras del centro y sur de México parecen vivir en la época de la sexycomedia ochentera. El lenguaje no dice nada. Acaso intenta chistes. O se acerca mediante un filtro gastado a la realidad. Carlos Velázquez, sin embargo, nos muestra que en el norte el lenguaje está vivo.

Los cuentos son mezclas de géneros, situaciones tan absurdas que resultan verosímiles, personajes de la calle y de la música norteña (compositor y cantante Julián Garza mejor conocido como El Viejo Paulino; el bolero norteño Juan Salazar) y, sobre todo, una sobredosis de humor y transgresión.

En la edición de Sexto Piso, The Country Bible regresa remasterizada a la segunda caída con un cuento y un epílogo nuevos. El estilo es humorístico, punzante, duro. Va de la cita artística al conocimiento de la cultura popular. Del burrito de yelera a la tornalucha libre, la arquitortura y la música electrónica con las bodas de rancho. Todo cabe en el universo PopStock! —territorio imaginario de ciudades como Gómez Pancracio, San Pedroslavia, San Pedrosttutgart, Moncloyork.

La alquimia del verbo resultó norteña y parió una Biblia Vaquera. Zonas rurales, urbanas e imaginarias transfiguradas y traducidas por un ferviente lector de autores norteamericanos, un fino oído para los corridos norteños, el jazz y el rock. Carlos Velázquez vuelve a poner la mezclilla sobre la mesa y a maquilar nuevos caminos sobre la identidad norteña, posnorteña o mexicana.

http://www.suplementodelibros.com/2012/01/labibliavaquera-carlosvelazquez/

Reseña:
Velázquez, Carlos. La Biblia Vaquera. Sexto Piso. México, 2011.

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martes, enero 10, 2012

Parábola del moribundo, de Jaime Muñoz Vargas



¿Cómo contar la vida de un escritor en provincia? ¿Cómo narrar sin chillidos de autocompasión el marginamiento en el que subviven los artistas de una aldea?” La respuesta se encuentra en Parábola del moribundo, de Jaime Muñoz Vargas (Gómez Palacio, Dgo., 1964), ganadora del Primer Premio Nacional de Novela Corta Rafael Ramírez Heredia 2009.

Santiago Macías —escritor de Torreón, Coahuila— publica un anuncio en el periódico: “Experto en escritura. Redacto en computadora trabajos de todo tipo sin errores ortográficos ni sintácticos. También labro cartas amorosas”. A partir de este juego la novela se desata y narra las múltiples chambitas para la supervivencia de un poeta apenas publicado en suplementos y ediciones de poca o nula circulación. Mediante este aviso en los clasificados Santiago redacta trabajos de preparatoria, tesis universitarias, informes de gobierno, edita poemarios de señoras con ganas de una barnizada intelectual y, el motor de la historia, escribe cartas cursis para su clientazo y mecenas Vicente Caballero.

Con una prosa maliciosa, humorística, cargada de juegos de palabras, Muñoz Vargas nos muestra el pequeño universo cultural de la Comarca Lagunera de Coahuila y Durango (Torreón y Gómez Palacio, respectivamente): los empresarios del periodismo gandalla, los seudoescritores amargados, las poetitas de pose pero sin poesía, los políticos y los dueños del mundillo artístico que amarran negocios sin ningún vínculo con el público. Por el otro lado y de la mano de Vicente Caballero, un sexagenario cachondo y carismático, Parábola del moribundo narra la explosión de vida y jodidez de la noche lagunera: las teiboleras, los sacaborrachos, los parroquianos, los franeleros, las prostitutas sin ánimos de canonización.

Santiago Macías, a sus treinta y tres años, se pregunta “¿Cómo escribir esto?, pensé. ¿Cómo atrapar con palabras este horror, la monstruosidad de esta cervecería del perromundo?”. Éste es el sazón de Jaime Muñoz, el intento por asir, mediante herramientas lingüísticas, la realidad horripilante. Desde neologismos, adjetivos irónicos e inteligentes hasta el habla coloquial. El lenguaje no como un experimento para entendidos. Sino como un protagonista de la narración, cada grupo de personajes maneja expresiones que remiten a realidades socioculturales y psicológicas particulares.

Las cartas cursis y amorosas logran su efecto. De tal forma que Vicente Caballero se vuelve amigo y patrocinador de Santiago. Aparece entonces el submundo de arrabal y sexo de La Laguna, la jerga del insulto y el romanticismo del bolero ranchero. “Ahora que ya leo poesía puedo decirles cosas bien bonitas a las pinches viejas, ¿no?”. También aparecen los periodistas y creadores agachones y lamescrotos, temerosos de quemarse y cerrarse las mínimas puertas de la cultura ranchera: “cuídate de ofenderla. Lo primero que hace es difamarte por todos lados, bloquearte las áreas de posible trabajo e ir con sus amigos de los periódicos para que nunca más se imprima allí tu nombre. Es una mujer muy enferma. Dicen que la neurosis se le agudizó desde que su marido tiró la toalla y salió huyendo”.

Las aventuras de Santiago y Vicente llevan de forma amena a un final sorpresivo e ingenioso. En el trayecto la amargura y el resentimiento encuentran su alivio en la literatura.

Jaime Muñoz Vargas, uno de los autores más prolíficos y reconocidos de la Comarca Lagunera, logra una novela con un amplio registro de voces. De la burla, la ironía a las preocupaciones, la honestidad. Con humor y malicia Parábola del moribundo es un retrato multifacético de la supervivencia fuera de las grandes capitales.


Reseña:
Muñoz Vargas, Jaime. Parábola del moribundo. La Cabra Ediciones, Instituto de Cultura del Estado de Durango, Instituto Politécnico Nacional, Fundación Guadalupe y Pereyra, 2009

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jueves, enero 05, 2012

El camino de las casas cansadas, de Walter Jay


No es raro tener que pisar entre los muertos para llegar a cualquier lado”, nos dice Walter Jay en su primera novela El camino de las casas cansadas. Si la tradición es un camino que otros han trazado, el autor dialoga con ella a través del mito del viaje iniciático, el ambiente rural de México, la búsqueda del padre y la reiteración de sueños que, al igual que los muertos, susurran una historia.

La novela comienza con un joven, Gabito, que sueña personas sin rostro. Sabe que hay una historia oculta, un misterio personal y familiar: la vida de su padre que lo abandonó. Mediante su madre y personas de su pueblo como doña Rosario, una anciana que practica la herbolaria y la adivinación, descubre que “nuestra historia se empieza a escribir desde antes de nacer y jamás la escribe uno solo”. Entonces Gabito emprende la búsqueda de su padre. Inicia el viaje acompañado únicamente por la foto de un difunto. Atrás queda el pueblo perdido entre los montes de México, ese lugar que parece secarse más rápido que los muertos. Tal vez por eso los sueños le hablan y lo sacuden.

El camino de las casas cansadas se mueve en los terrenos de lo vivo, lo muerto y lo onírico. Walter Jay narra el ambiente rural a través de una prosa cargada de nostalgia. Los diálogos, cortos, enigmáticos, sacados de ensoñaciones revelan poco a poco el camino de Gabito. Así el protagonista recorre su pueblo y una pequeña ciudad cercana, un cementerio, un prostíbulo, una funeraria donde recibe ayuda y enseñanzas de vivos y muertos.

La novela alcanza su mayor grado de misterio y belleza cuando Gabito trabaja en la funeraria limpiando, vistiendo y maquillando a los difuntos. “Me negaba a maquillarlos a todos de la misma forma, porque cada uno llegaba portando sus más grandes secretos, sus peores vicios, sus mejores virtudes, sus penas y alegrías; todo eso que habían logrado juntar en sus vidas: su propia historia”. El diálogo con la muerte, la vida vista a través de los muertos, la persistencia de la vida y, sin embargo, la inminencia de la muerte. En esto radica el enigma, la búsqueda y la construcción. Gabito consigue escuchar la voz íntima de los cuerpos que descansan sobre la plancha de la funeraria. El diálogo libre de hipocresía, a diferencia de con los vivos, es revelador y luminoso.

Las voces y los sueños que empiezan a adquirir rostros aclaran el viaje de Gabito. Una nueva etapa se abre. El misterio es una invitación: es inevitable pensar que todos los caminos conducen a la muerte. El camino de las casas cansadas la muerte es otra manera de comenzar una historia.

http://www.suplementodelibros.com/2012/01/caminocasascansadas-walterjay/

Reseña
Jay, Walter. El camino de las casas cansadas. Jus. México, 2011.

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