martes, diciembre 20, 2011

Funerales de hombres raros, de Wenceslao Bruciaga


Wenceslao Bruciaga (Torreón, Coah., 1977), autor del volumen de cuentos Tu lagunero no vuelve más (Moho, 1999), hace su segunda entrega con una novela breve de gran intensidad: Funerales de hombres raros. Si en Tu lagunero… sobresalía la agilidad narrativa, el humor en situaciones límite con una visión pulp, la realidad como un cómic violento, exageración, velocidad, en Funerales de hombres raros la apuesta gira en la vida y mentalidad de los hombres homosexuales en una novela de realismo urbano: triángulos amorosos, borracheras interminables, sexo, deseo, herencias enfermas. Una prosa de vértigo, agridulce envuelta con canciones de New Order, Sonic Youth y The Eels. En otras palabras prepárense para leer el ruido y la lujuria.

La primera parte de Funerales de hombres raros se desarrolla en la Ciudad de México. “Los tres alegres compadres” narra un triangulo de pasiones que tiene como punto de partida la muerte de uno de los involucrados: “—TE LO ADVIERTO, SI TE QUEDAS CON IVÁN ME MATO, ME VOY A QUITAR LA VIDA. ¿ME OYES? ¿ME OÍSTE BIEN?”. Wenceslao Bruciaga nos lleva por rincones del mundo gay que se alejan de los estereotipos de la mercadotecnia. Si bien aparecen los antros, los cuartos oscuros, sexo casual, drogas, a final de cuentas la cotidianidad contemporánea. La novela en primera persona funciona como una confesión que revela los claroscuros psicológicos de un adulto homosexual: “Nos escondemos en la rampa de un estacionamiento vacío y le agarro el brazo y lo escupo varias veces, él se limpia mis gargajos con su propia lengua y está muy excitado, entonces lo pateo y cuando lo siento desvanecido alzo mi rodilla y la impacto en su estómago varias veces, Robin se pone violáceo y el puto grita ‘ASÍ NO, POR FAVOR ASÍ NO’ y yo le digo ‘querías que te pegara, no, cerdo dijiste que eras mi puta, pues aguántate, pinche puta barata’”. Los quiebres temporales en que está dividido “Los tres alegres compadres” crean un puzzle por diversos estados anímicos (“Dos días antes del funeral”, “Una semana después del funeral”, etcétera), una estructura narrativa de rompehuevos.

La segunda parte de Funerales de hombres raros transcurre en Torreón, Coahuila: “Los últimos nietos de La Comarca Lagunera” tiene como punto de partida la muerte de la abuela de Teo Gurza (el protagonista de la primera parte). Esto produce un encuentro familiar de antología en el que se involucra hasta el capitán del equipo de futbol Santos Laguna; es decir, la identidad de la población de Torreón. En estos episodios, Bruciaga realiza una disección de la típica familia norteña, disfuncional, homofóbica, fanfarrona, cerrada, con tradiciones que surgen únicamente en navidad o en funerales. La historia es narrada mediante monólogos de los tres nietos. “No entiendo cómo pueden llevar una vida tan inconsciente, supongo que es porque no tienen una responsabilidad que les haga sentar cabeza, una familia, hijos o aunque sea un perro al que tengan que cuidar, sacar a pasear, bañarlo y limpiar sus heces, aunque sea eso requieren para que sienten cabeza y no crean que la vida es sólo para emborracharse, fumar mariguana e inhalar cocaína y tener sexo como perros. Ellos dos están mal, muy mal”. Los monólogos se intercalan y permiten ver relaciones, recrear anécdotas desde diversos puntos de vista, al final lo que quieren es que la abuela tenga el peor funeral posible.

Funerales de hombres raros es una novela reveladora que se aleja del cliché gay. Wenceslao narra sin concesiones. Desde la médula, a puro pulso de tripas y temblores. El resultado es encanto, misterio y humor. La realidad no puede ser tan seria. Aunque por otro lado se cuestiona “¿Por qué deciden ser gay si no pueden ni con la cuarta parte del mundo normal?


Reseña
Bruciaga, Wenceslao. Funerales de hombres raros. Dirección Municipal de Cultura de Torreón-Jus. México, 2011.

en librosampleados

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