martes, noviembre 08, 2011

Cuarenta grados, de Askari Mateos


Hay cuarenta grados, nena, yo me quiero quemar, cuando estoy a tu lado el calor me sofoca y me quiero bañar”, dice la canción. El Río Bravo parece el lugar ideal para mojarse, cruzar y mitigar la asfixia que provoca la mala patria que nos parió. Cuarenta grados es el umbral cuando la situación se percibe insostenible, cuando los caminos en la tierra se mueven y reflejan un paraíso lejano. Cuarenta grados es la temperatura de la seducción.

Askari Mateos (Oaxaca, 1975) muestra en seis cuentos a personajes sedientos, cada uno en su búsqueda pero, se sabe, el viaje es colectivo. El deseo de cambiar es el punto de partida. El resultado: migrantes abandonados a la mala en el desierto, un sacerdote incapaz de reprimir su deseo sexual, un par de niños que sueñan con cruzar el otro lado, un chilango solitario en Hollywood, choferes, una caja de tráiler atiborrada de migrantes, trabajadores nocturnos en una gasolinera en las amplias carreteras gringas, y un conserje mexicano en un casino de Las Vegas.

Los cuentos narran el sufrimiento de personajes en ambos lados de la frontera. Dolor sin drama, sin exageraciones, con estilo puntual, medido, salpicado con expresiones populares. En el cuento “La otra feria”, sin embargo, la aventura se mira con la perspectiva de dos niños en Oaxaca: saben que cuando cumplan la edad se irán al otro lado como sus primos, sus padres, sus tíos, sus hermanos. La fascinación por el cambio consigue cierto humor que sirve de contrapunto para la mayoría de abusos y maltratos que reciben los demás personajes. “—Padre, ¿irse al otro lado es pecado? —preguntó Julián en el confesionario“.

Mientras tanto, en “Hollywood Boulevard” como en “Ocho rojo”, el abuso es aceptar la desilusión, vivir el fracaso cotidiano. "Está barriendo ensimismado. Piensa en sus hijas. En Oaxaca. Ya se acostumbró a mirar el pasado apretando las manos en la escoba del presente".

“El cuerpo de Cristi” es el relato del viaje realizado por un sacerdote de Oaxaca a Tijuana. La epifanía se resume en el deseo sexual, una canción de los Tigres del Norte y una tina cargada de cervezas: “Para entonces ya había comenzado a experimentar una erección terrible, mi virilidad crecía con cada una de sus palabras. Abrí ligeramente la puerta del confesionario para cerciorarme de que nadie me veía y, sosteniendo en mi mano izquierda La Biblia, apreté con la derecha mi miembro endurecido".

Al final, los relatos parecen ser abandonados -como los mismos migrantes en “Cuarenta grados” y “Carretera 77″-, como si supiéramos el destino de un grupo de hombres, mujeres y niños agonizando en el desierto. “Todos están igual que él, tendidos cara al cielo, con quemaduras de segundo y tercer grado en el rostro, con los pies cocidos de tanto paso errado. Ver animales rastreros que se pasean cerca de su rostro y ano lo inmuta. Todo tiene un eco distante“. Sí, narrarlo sale sobrando. El final anticlimático favorece la sensación de desconcierto. Askari Mateos nos sitúa justo en el borde de la emoción. Éste es Cuarenta grados: ¿te quieres quemar?


Reseña
Mateos, Askari. Cuarenta grados, Fondo Editorial Tierra Adentro. México, 2009.

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