martes, noviembre 22, 2011

Psicodelia, contracultura y pop



Después de tocar “No fun” de Iggy Pop en San Francisco en enero de 1978 los Sex Pistols, en voz de Johnny Rotten, se despiden con la pregunta “Ever get the feeling you’ve been cheated?” “El punk rock amaba la acción. Pero no amaba la acción porque solamente fuera aburrido, la amaba porque la acción era lo único que podía revelar por completo el sinsentido”. Así lo afirma Diedrich Diederichsen (Alemania, 1957), influyente crítico, periodista especializado y curador, quien a lo largo de doce ensayos que componen el libro Psicodelia y ready-made [Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2010] repasa con emoción y crítica el paso del tiempo, el devenir de la cultura pop, la contracultura y el arte experimental.

Diederichsen reflexiona con lucidez a partir de canciones de los Beatles, los Talking Heads, la pornografía indie, el envoltorio de los discos de vinilo, los espacios urbanos de reunión juveniles. Su premisa o declaración de fe es, según el prólogo de Carlos Gradin y Cecilia Pavón, “entender toda producción cultural y artística como un modo en que los hombres y mujeres procesan su experiencia, y en que se dejan entrever proyecciones, más o menos conscientes, de su situación histórica, entremezcladas con alusiones dispersas a un horizonte de futuro que sería constitutivo de los seres humanos. Mirada en retrospectiva, toda obra de arte sería, además de muchas otras cosas, un depósito de ciertos modos de imaginar esperanzadamente el futuro”, aludiendo a teóricos marxistas como Walter Benjamin y Ernst Bloch.

El libro profundiza en los temas de la experimentación, la droga, los cambios y las coyunturas históricas y de mercado. Una declaración de Oliver Stone sobre el uso de drogas permite a Diederichsen plantear tres tesis sobre las drogas en las que teorías sociales y de arte convergen con la fantasía e ilusión de los sesenta y setenta hasta la música tecno y las corrientes new age. “En los años sesenta, el ojo estaba fuera de quicio”, es la sentencia que detona el ensayo “Crítica del ojo – ojo de la crítica” sobre la experimentación en las artes visuales, acompañado por los lightshows de Andy Warhol y The Velvet Underground. En “¿Qué es redondo, negro y se esconde en los calzoncillos? El empaque del disco Sticky Fingers de los Rolling Stones es punto de partida para la crítica del envase en el sistema capitalista en el que se mezclan arte, publicidad, moda, idea, engaño y seducción.

El ensayo “No te preocupes por el gobierno: textos de canciones / textos de ciudad” es uno de los más lúdicos, inteligentes y emotivos del libro. Una revisión de los textos de algunas canciones pop de los cincuenta hasta “Don’t worry about the government” de los Talking Heads deja ver el cambio de la percepción y apropiación del lugar por excelencia de la cultura pop: la ciudad. “Está claro que la música encontró una materialidad en la ciudad, un interlocutor sonoro, que podía responder de modo distinto a como lo hacían otros objetos: el amor, los ríos, los lagos, las revoluciones y los estados de ánimo religiosos”. Las canciones invitaban a tomar la ciudad. Las letras son analizadas como quien analiza la frase de Jimi Hendrix “Are you experienced?” y contesta: “resulta claro que estaba hablando es una experiencia merecedora de ese nombre: una experiencia sensorial-política”.

A veces con un tono profusamente teórico, otras veces con un discurso emotivo pero sin dejar a un lado la visión crítica, Psicodelia y ready-made es un conjunto de ensayos que revaloran y replantean sin nostalgia el efecto corrosivo del paso del tiempo en las aspiraciones revolucionarias de ciertas obras.

Diedrich Diederichsen vuelve a las canciones de los Sex Pistols y declara, como si viera el destino de todo sueño adolescente de la contracultura: “Johnny Rotten no habla desde el infierno familiar de dramas occidentales y guerras culturales; habla desde la fealdad absoluta de la mercancía. Y para esta fealdad no existe salvación”.


Reseña
Diederichsen, Diedrich. Psicodelia y ready-made. Adriana Hidalgo editora. Buenos Aires, Argentina. 2010.

Revista Replicante, noviembre 2011.

martes, noviembre 08, 2011

Cuarenta grados, de Askari Mateos


Hay cuarenta grados, nena, yo me quiero quemar, cuando estoy a tu lado el calor me sofoca y me quiero bañar”, dice la canción. El Río Bravo parece el lugar ideal para mojarse, cruzar y mitigar la asfixia que provoca la mala patria que nos parió. Cuarenta grados es el umbral cuando la situación se percibe insostenible, cuando los caminos en la tierra se mueven y reflejan un paraíso lejano. Cuarenta grados es la temperatura de la seducción.

Askari Mateos (Oaxaca, 1975) muestra en seis cuentos a personajes sedientos, cada uno en su búsqueda pero, se sabe, el viaje es colectivo. El deseo de cambiar es el punto de partida. El resultado: migrantes abandonados a la mala en el desierto, un sacerdote incapaz de reprimir su deseo sexual, un par de niños que sueñan con cruzar el otro lado, un chilango solitario en Hollywood, choferes, una caja de tráiler atiborrada de migrantes, trabajadores nocturnos en una gasolinera en las amplias carreteras gringas, y un conserje mexicano en un casino de Las Vegas.

Los cuentos narran el sufrimiento de personajes en ambos lados de la frontera. Dolor sin drama, sin exageraciones, con estilo puntual, medido, salpicado con expresiones populares. En el cuento “La otra feria”, sin embargo, la aventura se mira con la perspectiva de dos niños en Oaxaca: saben que cuando cumplan la edad se irán al otro lado como sus primos, sus padres, sus tíos, sus hermanos. La fascinación por el cambio consigue cierto humor que sirve de contrapunto para la mayoría de abusos y maltratos que reciben los demás personajes. “—Padre, ¿irse al otro lado es pecado? —preguntó Julián en el confesionario“.

Mientras tanto, en “Hollywood Boulevard” como en “Ocho rojo”, el abuso es aceptar la desilusión, vivir el fracaso cotidiano. "Está barriendo ensimismado. Piensa en sus hijas. En Oaxaca. Ya se acostumbró a mirar el pasado apretando las manos en la escoba del presente".

“El cuerpo de Cristi” es el relato del viaje realizado por un sacerdote de Oaxaca a Tijuana. La epifanía se resume en el deseo sexual, una canción de los Tigres del Norte y una tina cargada de cervezas: “Para entonces ya había comenzado a experimentar una erección terrible, mi virilidad crecía con cada una de sus palabras. Abrí ligeramente la puerta del confesionario para cerciorarme de que nadie me veía y, sosteniendo en mi mano izquierda La Biblia, apreté con la derecha mi miembro endurecido".

Al final, los relatos parecen ser abandonados -como los mismos migrantes en “Cuarenta grados” y “Carretera 77″-, como si supiéramos el destino de un grupo de hombres, mujeres y niños agonizando en el desierto. “Todos están igual que él, tendidos cara al cielo, con quemaduras de segundo y tercer grado en el rostro, con los pies cocidos de tanto paso errado. Ver animales rastreros que se pasean cerca de su rostro y ano lo inmuta. Todo tiene un eco distante“. Sí, narrarlo sale sobrando. El final anticlimático favorece la sensación de desconcierto. Askari Mateos nos sitúa justo en el borde de la emoción. Éste es Cuarenta grados: ¿te quieres quemar?


Reseña
Mateos, Askari. Cuarenta grados, Fondo Editorial Tierra Adentro. México, 2009.

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