domingo, septiembre 04, 2011

Travesti, de Carlos Reyes


La noche es una llaga loca, una herida de la que manan desvaríos lunares. En la oscuridad de la calle Morelos hasta las sombras y botes de basura se miran sensuales. Las avenidas y las plazas son cobijas para miserables, borrachos y divas: las luces de la ciudad. La Historia, como las novias de rancho, es una vestida alborotada. La Historia es ficción, rímel, pintalabios, crema hidratante, maquillaje que es belleza al instante. La ficción, un híbrido. Un Travesti

Un libro se abre y florece. Las locas, las vestidas, las jotitas vestidas de mujer se abren y florecen. Travesti (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2009), novela híbrida, ganadora del Premio Binacional de Novela Joven Frontera de Palabras / Border of Words 2009, desnuda la ciudad asfixiada, literalmente, por unos leotardos.

Carlos Reyes Ávila (1976), el autor, saca del clóset la vida puteril de Torreón. Primero, mediante reconstrucción documental y aliento poético: la extinta Zona de Tolerancia, antigua trinchera, centro de prostitución, baile y pichoneo, pisto y taconazo. Ahí se reúne la inocencia de las primeras vestidas y la reacción de las prostitutas. Si te asomas, verás:

Al principio, las prostitutas veían con simpatía a las vestidas. Les parecían simpáticas las jotitas vestidas de mujer. Les daban permiso de que se sentaran con ellas a esperar clientes. Las defendían y se convirtieron en sus protegidas. Con el tiempo esta situación cambió, ya que se dieron cuenta de que las vestidas representaban un peligro para el negocio. Los caballeros comenzaron a preferir a las vestidas que a las mismas prostitutas, por obvias razones: las putas eran mujeres horribles y sin arreglo; en cambio las vestidas eran todo un monumento con un gran porte y arreglo. Ellas siempre se arreglaron mejor que las mismas prostitutas”.

Travesti es un desfile de transgéneros literarios (ficción, poesía, entrevista, documental, ensayo, canciones).
Óscar, el protagonista, es un escritor que busca escribir una novela sobre las locas, esas mujeres que son más que mujeres. Si la literatura es deschongarse, esta novela denosta nuestra vida más intensa: Livin’ la vida loca.

David, amigo de Óscar, es el guía en la travesía por La Rueda (bar gay, ahora desaparecido), “la mera mata, el show, las vestidas, la loquera, el mero inferno”. En La Rueda está el bailongo. Vestidas, divas, cholos, norteñotes, todos con sus machos, soldados pichoneando a las reinas de la noche. En La Rueda el amor sucede. O de perdida un palo. Óscar encuentra a Paulina, la más bonita de las vestidas. Una flor herida.

La novela, la búsqueda de Óscar es atravesada por las aventuras de Camelia antes Carlos Pérez, una vendedora de flores de papel, llamada Nuestra Señora de las Flores; Sonia llamada así por su parecido con Sonia López, la cantante; Verónica Verano antes Maciel; Ángel de Durango, la primer totalmente vestida, amada y asesinada por un soldado; Paulina, romántica, sensual, voluble y fatal. Galería de personajes bórder, al límite, entre lo macho y lo ultrafemenino. Sus inicios, sus familias, sus clientazos.
Travesti es una voz perdida en la azotea mientras un cholo, macizo y fierrudo, te amenaza con clavarte el filero si no le das tu dinero, la única salida: una mamada y no importa el qué dirán, huye como puedas que la rocola sigue prendida y los clientes esperan.
En medio de la noche giratoria y violenta alguien pregunta:

¿Ya sabía tu mamá que te vestías?
Creo que lo supo una vez que andaba buscando una blusa suya y no la encontraba. Luego le dije: “Ahí la traigo en la mochila”. Yo estaba dormido. “Condenado muchacho”, me dijo mi madre; “por qué traes mi blusa?, ¿qué también te vas a vestir de mujer?”. “Ay, mamá”, le dije, “si ya me vas a apoyar, apóyame en todo”. Ya no me dijo nada.


Ante nuestros ojos, la ciudad centenaria despacha perfumes en Soriana con el maquillaje corrido en una cara de macho. Las máscaras caen y el rímel sube. Detrás del rostro matutino del abogado, del joven peluquero, del vaquero: la noche camina con tacones altos y pelucas radiantes. Reyes Ávila abre un agujero en la pared y nos muestra la vida oculta.
La Zona de Tolerancia desapareció. La Rueda también.
El cielo es un vestido negro reventado por un par de lunas hinchadas con aceite vegetal, el mismo que usan las vestidas para llenarse las tetas y las nalgas. Moriré, pero bien buenota, dicen por ahí. Lo mismo dice el escritor. Antes muerto que po-e-ti-ta.

La invitación está hecha. El amor corre desbocado, hombre o mujer, crónica o novela, ficción o documental, no hay fijón: el erotismo no es marca registrada de ningún género. Torreón es un espejo humano; Travesti un prisma de voces.

Una última petición de la comunidad: ¡que remodelen La Rueda!
http://www.suplementodelibros.com/2011/08/31/travesti-de-carlos-reyes-avila/

Reseña.
Reyes Ávila, Carlos. Travesti. Fondo Editorial Tierra Adentro. México, DF, 2009.

En librosampleados.

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