viernes, septiembre 09, 2011

Ovejas feroces, de Katja Lange-Müller



Soja, inmigrante de la República Democrática Alemana, se encuentra casualmente con Harry, expresidiario y yonqui. Es el inicio de una historia de amor tóxico: "Y contra la enfermedad del amor, que yo temía mortalmente, sólo había una medicina: sexo"

Cuando todo acaba, Soja se encuentra el diario de Harry. Al leerlo se da cuenta que no dice nada sobre ella. Éste descubrimiento le lleva a dar una respuesta: Ovejas feroces. Una confesión, cartas, recuerdos, nostalgia por un pasado que nunca fue mejor.

Katja Lange-Müller (1951, Berlín Oriental) narra con una voz melancólica, un aliento que cubre los recuerdos de una bruma ligeramente luminosa, como un filtro de una película vista en sueños, pero incesante en la vigilia. ¿Por qué Harry no escribía sobre Soja? Su novia, su baby, quien lo cuidó y lo ayudó en el tratamiento de rehabilitación. Soja recuerda con detalle el momento en que se encontraron: “En tu respiración, que pude oler porque mientras hablabas tu cara se acercó a la mía, no había rastros de acidez alcohólica, aunque sí algo que me dio ganas de beber chocolate”.

Lange-Müller revela los años de una mujer cuando, según decía, era joven y bella. Y la de una ciudad, Berlín Occidental, en la década de los ochenta. Conforme la historia avanza y las adicciones y enfermedades de Harry deterioran su salud y su aspecto físico, la ciudad también cambia y culmina con el derrumbe del muro: “Me había ido porque no quería estar en casa cuando mi Berlín Oriental y nuestro Berlín Occidental se esfumaran; temía esfumarme yo misma y desaparecer; por eso había preferido desaparecer e irme a otro lugar. Ser una extraña en Suiza me parecía más normal que volverme extraña en dos ciudades que no podían seguir siendo lo que eran, y que nunca se convertirían en aquella ciudad que Berlín alguna vez fue, sino en algo nuevo”.

Soja se muestra sincera: ama, trabaja, roba, miente, añora, teme y se enoja. En verdad, ella no era ni tan bella ni tan joven cuando comienza la historia. En Ovejas feroces la protagonista nos revela su intimidad contradictoria, sus pequeños goces con un aliento erótico basado en detalles como un bordado fino.
Al final, Katja Lange-Müller nos deja con una sensación de un paisaje yermo, de ruinas cotidianas donde lo mejor es evocar, reconstruir un momento que tal vez no haya sido el mejor pero era el único habitable. La nostalgia es una película borrosa.

http://www.suplementodelibros.com/2011/09/08/ovejasferoces/


Reseña.
Lange-Müller, Katja. Ovejas feroces. Adriana Hidalgo editora. Traducción de Nicolás Gelormini. Buenos Aires, Argentina, 2009.

En librosampleados.

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