domingo, septiembre 04, 2011

El espejo es un manicomio


Había escuchado de las familias de contorsionistas en los circos chinos, de los magos con sus trajes hipnóticos, de los animales exóticos en los circos de las grandes ciudades. Pero cuando el primer circo llegó a la ciudad vi a un montón de animales desnutridos, echados dentro de sus jalas, sin brillo, sin magia, lleno de moscas y mierda. El circo, comprendí, era un engaño.

Y yo misma podría ser un engaño. He cambiado tantas veces de nombre como de calzones. Mis actos, mis voces, mis tatuajes. Un caleidoscopio, un caracol sabor tutti frutti. Siempre lo he dicho: hay que ser congruentes hasta la incongruencia.

Entré al circo. Fue decepcionante. No era como en las películas que veía por la tele. Quizás en otro punto del planeta la vida fuera como en la trilogía de los sábados por el Canal 5. La verdadera atracción de la tarde era ver si las tarimas, las gradas y la carpa podrían aguantar hasta la noche. Aunque los trapecistas rifaron, digo, lanzarse por el aire con la posibilidad de caer y chupar faros es algo excitante. Posibilidad de peligro. Ahí está el chou. Lo mismo que domar el fuego o cambiar de rostro en el espejo.

esperen el número impreso:
http://revista-clarimonda.blogspot.com/2011/08/contenido-no-28-circo.html


MiniNovela.
Colaboración en el 7° aniversario de la revista Clarimonda dedicada a "El circo".

The Freak Show Clarimonda (mini-novela en 5 capítulos)
III. El espejo es un manicomio (segundo acto)


Revista Clarimonda. Año 7, no. 28. Morelia, Mich. 2011.

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