miércoles, abril 16, 2008

Yo no probé la soda boliviana

Ésta es una confesión bochornosa: yo no probé la soda boliviana cuando estuve en La Paz, Bolivia, el paraíso de la cocaína. Lo que hice y lo que probé no tiene caso mencionarlo aunque, también debo confesar, la comida tradicional o simplemente el sazón de allá tiene su encanto. Bien, no probé soda boliviana, se vendía desde cincuenta centavos y/o dos pesos bolivianos en la calle la Garita o la Argentina, pero no metí ese polvo en mi nariz. Ignoro también la calidad de esas bolsitas para apenas un pasón, una esquina, una punta, un piquito. Recuerdo esto con cierta nostalgia y pienso que si volviera no dudaría en conocer la mística de la química andina a cincuenta centavos el levantón. Seguramente en los lugares fresas o jailones (como se les dice allá a los de la high society, los highlones) se ha de vender buena mierda, buena calidad, pero es algo que creo no tendré la oportunidad de comprobar.

De Bolivia tengo muchos recuerdos pero lo que tengo mejor grabado en la cabeza es lo que mi tío Carlos me dijo cuando me sacó a conocer la ciudad: la Paz es un agujero. Evidentemente se refería a las condiciones topográficas de la ciudad, pero esa frase tuvo una profundidad estremecedora. La Paz, un agujero, un hueco, un abismo. Suena interesante y más tratándose de una sociedad tan violenta y humillada.

La vida allá es pura jodidez aunque con los pocos dólares que llevaba me alcanzaba para todo lo que quería y más. Me sentía pudiente y en ese contexto lo era. Pero ahí me di cuenta que teniendo más poder adquisitivo mi vida seguía igual de jodida, me seguía enfermando, me seguían dando crudas, me seguía doliendo la cabeza, me seguía preocupando por la escuela y por los amigos y por la morra que no tenía y por los escritos que no escribía; el dinero me dejó la conciencia de que lo necesito para olvidarme de él aunque mi vida siga en la misma cochinada. Quizás con soda boliviana mi vida se hubiera levantado.

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