martes, abril 01, 2008

Oficio y propuesta en la narrativa de Jaime Muñoz Vargas*

SinopsisJaime es un narrador con oficio. Es decir, conoce la historia y la teoría cuentística latinoamericanas y sus herramientas más sólidas para contar una historia. A Jaime se le ve impartiendo talleres y pláticas sobre cuento y microrrelato; es conocido por su apoyo al estudio y difusión literaria de la Comarca Lagunera. Muñoz Vargas es casi sinónimo de cuento clásico a la lagunera. Sin embargo, esta ponencia no busca explorar ese quehacer cuentístico harto conocido. Lo que busca es cotejar el oficio de sus narraciones breves con la propuesta literaria que nos ha despachado en dos novelas, aunque breves, muy diferentes de su faceta antes mencionada.

En las dos novelas de Jaime el oficio cede a la experimentación. El narrador explora y juega con el lenguaje y la estructura; explora la decadencia más oscura de un criminal parisino en El principio del terror, y juega con una doble historia, la palabra coloquial, la canción cardenche y el beisbol en Juegos de amor y malquerencia. En ambos títulos la constante es la reconstrucción histórica y la apuesta por una lectura diferente. Sin embargo, el nombre Muñoz Vargas, en la región, no dice nada tratándose de novelas, lo que resulta extraño y desconcertante, pues su narrativa más desafiante se encuentra en sus novelas.

Análisis de los temas
La narrativa cuentística de Jaime Muñoz Vargas (Gómez Palacio, Durango, 1964) se caracteriza por la rigidez formal y la estructura clásica. Sus temáticas desde el principio han tocado la vida lagunera, su territorio y su gente. Recordemos su primer libro de cuentos El augurio de la lumbre (1990), (que el mismo autor desdeña, pero que ejemplifica la preferencia temática de Muñoz Vargas): el relato más memorable y más afortunado “Azoro y trago largo” narra la tarde de unos adolescentes que van a la ya desaparecida Zona de Tolerancia de Torreón. En general, la narrativa primeriza de Muñoz Vargas se caracteriza por un estilo barroco y lento, acercándose a los temas regionales con cierta ingenuidad. En comparación, sus textos más recientes muestran una prosa económica, depurada y coloquial. La geografía de sus relatos insiste en la región Lagunera y en sus temas y tropos particulares; ésta vez con malicia narrativa y olfato casi perruno para encontrar los basureros más amargos de la vida local. En esta etapa más reciente Jaime ha dominado con oficio la estructura clásica del cuento. Ejemplo de esto se encuentra en el libro Las manos del tahúr (2005). En estas obras se lee a un Jaime más periodista de llano, con buen ojo y sensibilidad afilada para narrar.

A diferencia de sus cuentos, las novelas de Jaime Muñoz El principio del terror (1998) y Juegos de amor y malquerencia (2003) se alejan del rigor clásico y temático, dando paso a una exploración formal y conceptual, a una apuesta atractiva y desafiante para las letras laguneras. La primera novela El principio del terror se sitúa en la Francia de la guillotina; con una prosa con sabor a traducción y con matices sórdidos y crudos. En esta novela Jaime se olvida de La Laguna y el eufemismo barroco para describir las oscuras callejuelas de París con altas dosis de crudeza y malditez. Es un ejercicio narrativo arriesgado y extrañamente afortunado dentro de la narrativa muñozvargasiana. En Juegos de amor y malquerencia da un giro radical en su actividad novelística. Ya no habla de una metrópolis como París, sino de un ejido cerca de Torreón; y su prosa ya no se asemeja a una traducción decimonónica, se transforma en plática coloquial ejidataria-posrevolucionaria. La apuesta formal también cambia: Jaime inventa una historia a partir de una fotografía del Archivo Histórico de la UIA Laguna; en realidad construye dos historias: la supuesta historia de haberse encontrado los documentos que forman el libro y que su único trabajo fue transcribirlos y pulirlos para su publicación, y la historia de los Tereseros de Santa Teresa (los personajes de la novela). Aquí Muñoz Vargas juega con el género sin someterse a dogmas o estructuras predeterminadas, juega con el lenguaje del llano, juega con la condición norteña-ejidataria y sus costumbres. La constante en estas obras es la reconstrucción y apropiación histórica que hace el autor; es decir, se lee a un Jaime investigador y trasgresor de sus propios dogmas.

Si juzgamos la obra por su apuesta literaria y su capacidad para arriesgar y proponer una lectura diferente, las dos novelas de Jaime Muñoz Vargas superan los cuatro volúmenes de cuentos que, como ya se mencionó, están construidos mediante rigurosas estructuras clásicas. Que esto no se malentienda: Jaime es un prosista que ha evolucionado con acierto; sin embargo, su narrativa cuentística se identifica con el oficio, y su novelística con la propuesta literaria.

Síntesis propositivaEl oficioEl oficio se identifica con un desempeño habitual. También se dice que alguien tiene oficio porque hace las cosas bien, con oficio. En literatura, el oficio relaciona ambas cosas: un desempeño habitual bien hecho, es decir, que domina las herramientas literarias técnicas, estilísticas y que posee sensibilidad para darle sazón a sus textos. Los cuentos de Jaime Muñoz Vargas pertenecen a este tipo de textos. Jaime juega con lo que tiene a la mano, acierta y continúa con el juego.

La propuestaLa propuesta es una proposición, una idea distinta que se ofrece a alguien. En el caso literario, hablamos de propuesta como una apuesta, como un jugar arriesgando algo que bien se puede perder o acertar. Las novelas de Jaime Muñoz son propuestas distintas entre sí, pero que ambas arriesgan el lenguaje y el género. Jaime mete toda la carne al asador en sus juegos novelísticos, juega con la prosa, juega con la estructura y juega con el lector.
*Ponencia leída en el Primer Encuentro de Escritores Coahuilenses (7 y 8 de marzo 2008, Torreón, Coah.)

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