martes, abril 15, 2008

El celular y el cumbius interruptus

No sé con exactitud qué sensación me produce ver a las ficheras sentadas y en completa abulia mandando mensajes por celular. Pero lo peor no es eso, sino que una vez bailando las putas sigan mandando mensajes o contesten el celular y lo dejen a uno en cumbius interruptus. Afortunadamente eso no me ha pasado y no es que sea un puritano que sólo baila con su vieja o que no se mete a la pista con cualquiera, mis razones son de otra índole más sencilla: el dinero. No comprendo y creo que mi economía jamás me dejará comprender cómo los ñores y barriada diversa pueden costear bailes y tragos toda la noche. Es evidente que mis circunstancias son otras, que con uno o dos bailes salgo ganón y que me gusta pistear de a madre. Pero volviendo a la imagen inicial: la mujer enfrascada en su celular, mensajeando y hasta viendo fotos o jugando; el desconcierto que me genera es insuperable. Tal vez peco de simplista y amargado, pero se equivocarían en juzgarme de esa manera porque entre más mamona sea la puta más se me antoja mercarla. Así que, como iniciaba el texto, no sé con exactitud qué sensación me produce ver a las ficheras sentadas y en completa abulia mandando mensajes por celular pero me dan unas ganas locas de agarrarle las nalgas y sacarla a bailar.

También otra imagen que me produce esa misma sensación es ver morritas adolescentes encargadas de un negocio, por lo general de telefonía celular, completamente enajenadas con el celular, escuchando rolas de Intocable o reggeaton genérico mientras se planchan el cabello. Lo peor es que sean dos chavas: las dos mandando mensajes por celular, una le plancha el cabello a la otra, las dos escuchan subgéneros de reggeaton distintos y si uno las ve en buen momento hasta platican, pero por lo general es una imagen carente de rasgos emotivos. El peatón que además es galán y escribe este artículo nomás las wacha wacha de reojo sin ser pelado y atendido. Yo también atiendo un negocio, señores, un local en el centro de la ciudad y aunque ande aburrido nunca me pongo a mensajear como si no pudiera sacarle plática a las chavas guapas o a la raza locochona que pasan por ahí, y eso que me considero una persona huraña.

Pero el premio al desconcierto se lo lleva otra imagen poética: ya muy de madrugada una puta vieja, viejísima, comiendo palomitas afuera del hotel. No supe si se mandaba mensajes o qué, pero seguramente traía el celular en su bolsa y seguramente cogería comiendo palomitas y mensajeando por celular.

Desde que se jodió mi celular, creo que he sido una mejor persona, ya no engaño a nadie diciéndole que le voy a hablar, ni espero estúpido e inocente la llamada de un trabajo que nunca llegará.

1 comentario:

  1. Buen aporte jajaja!
    Comiendo palomitas y mandando mensajes jajajajaja ! XD

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