jueves, mayo 15, 2008

Empresa líder en fabricación de sustancias ilegales busca puchador

Que quede claro de una puta vez: todas las empresas de Torreón y Gómez pequeñas o grandotas, fondas o cadenas de charratiza, míseras o exitosas, todas, todastodastodas son Empresas Líderes en el rubro comercial de su desempeño real o imaginario. Es decir, todas son la mejor opción para trabajar, son el caldo de cultivo para el desarrollo de las mejores secretarias, obreros, parrilleros, oficinistas, supervisores, gerentes, ingenieros, vendedores, albañiles, maistros y todos los demás oficios y profesiones que se les ocurra inventar a los expertos en los negocios. Si esto no lo creen sólo vean la sección de clasificados-empleos en cualquier periódico. Queda claro: cualquiera puede comprar un anuncio de tres o cuatro líneas para anunciarse como Empresa Líder y pagar un sueldo de burla. Esto lo pueden hacer ellos.

En cambio, un recién egresado no puede anunciarse como el Empleado Líder y ganar un sueldo de jefazo en su primer entrevista de trabajo, a menos que sea un mamonsete y haya salido del Tec de Monterrey.

No creo en los líderes pero tiene que haberlos, así como no creo en los emprendedores pero son una especie de plaga optimista que merece existir. Así creo que surgen trabajos tan diversos e historias de éxito o fracaso o de locura cotidiana. Enhorabuena pues por los emprendedores y los líderes, pero ¿el resto, la masa flojonaza o desempeñada en el ocio o las sanguijeuelas chupasueldosdesuspadres o vividoresdelgobierno o los yonquis o los viejos, esos monstruos desarticulados que antes fueron hombres o mujeres (parafraseando a Baudelaire) dónde quedamos? Nosotros somos la estadística del retraso. No formamos parte de la sociedad ideal. Lástima. Los pobres, como quiera, forman parte de la estructura capitalista, ellos sí están contemplados.

Y uno no es Bukowski. Quiero decir que uno (o sea un burgués, un licenciado y con la obsesión maldita de ser un escritor) no siempre puede tomar cualquier empleo y vivir de alcohol, sexo y miseria. Las experiencias límite no reemplazan al talento. Aunque algo de vida real para alguien que acaba de salir del terruño universitario es urgente. Por eso desde este pequeño y modesto blog solicito a los Líderes y Emprendedores de Hoy que abran nuevos empleos para los escritores, es decir, pequeños espacios que no alejen al escritor de su actividad literaria, que lo satisfagan económicamente y que le den tiempo para trabajar y pulir su obra. Ejemplos pueden ser muchos (de Bukowski hemos aprendido que siempre habrá trabajos peores y más denigrantes que el de uno) pero que el requisito sea querer ser escritor, así nomás.

Empresa líder en espectáculos desnudistas solicita escritor para atender la barra. Facilidad de palabra, conocimiento de bebidas. Llevar solicitud de empleo, currículo y muestra de obra a…

miércoles, abril 23, 2008

El cinismo de Sísifo

Al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1957, Albert Camus dijo en su discurso: indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podría hacerlo, pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. A poco más de 50 años de este discurso el panorama mundial no ha cambiado radicalmente. Camus decía de la generación de su época que era heredera de una historia corrompida en la que se mezclan revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas. Todo esto al servicio del odio y la opresión. Con este discurso Albert Camus definía el papel del escritor en la sociedad contemporánea, una sociedad que, pese a medio siglo de distancia, no nos es tan lejana. La pregunta camusiana obligatoria sería ¿qué labor le toca a nuestra generación? No me atreveré a responder con discursos morales cliché y de mal gusto. Ni siquiera pretendo mover consciencias ni dejar la pregunta de tarea ni alarmar a nadie ni nada.

Con frecuencia la novela El extranjero (1942) ha sido utilizada como ejemplo de la carencia de valores y la antipatía del hombre del periodo entre (y pos)guerras. El protagonista, Meursault, según esta visión, no es un símbolo sino un retrato, una descripción fiel de la humanidad despojada de responsabilidad y culpa. ¿De qué se le culpa al personaje? De un homicidio, pero la falta mayor es no mostrar sentimientos, no sentir culpa por matar a un hombre y por no sentir nada frente al cadáver de su madre. Creo que se puede extender esta escena y decir que la sociedad de esa época mató a otros hombres y no sintió nada frente al derrumbamiento de las generaciones anteriores (su madre). Los rebeldes, los existencialistas (y los abanderados como no-existencialistas pero con una sensibilidad absurda como Albert Camus) fueron los que denunciaron esto y trataron de remediarlo. Hoy las cosas parecen un poco diferentes, al menos a grandes rasgos: seguimos matando al prójimo y seguimos enterrando a nuestra madre (las generaciones que nos anteceden) pero hoy hacemos de eso una fiesta (en el mejor de los casos) o un deporte o un comercio. Pareciera que la labor de nuestra generación fuera hacer olvidar que el mundo se deshace o convertir el derrumbe en un espectáculo maravilloso pay per view. Pero esta no es una respuesta definitiva. Es una divagación aleatoria, un poco de cinismo. En última instancia, yo también participo en el espectáculo, nomás que no soy el rockstar que siempre quise, el güerito rebeldoso y drogadicto a la Kurt Cobain o el mesiánico Jim Morrison.

No terminaré reclamando a la historia o al cosmos o al hacedor de su preferencia porqué no existen más Albert Camus o porqué no soy como él. Más bien, terminaré como tantas veces decía Meursault: Todo esto no significaba nada. De todos modos uno es siempre un poco culpable.

miércoles, abril 16, 2008

Yo no probé la soda boliviana

Ésta es una confesión bochornosa: yo no probé la soda boliviana cuando estuve en La Paz, Bolivia, el paraíso de la cocaína. Lo que hice y lo que probé no tiene caso mencionarlo aunque, también debo confesar, la comida tradicional o simplemente el sazón de allá tiene su encanto. Bien, no probé soda boliviana, se vendía desde cincuenta centavos y/o dos pesos bolivianos en la calle la Garita o la Argentina, pero no metí ese polvo en mi nariz. Ignoro también la calidad de esas bolsitas para apenas un pasón, una esquina, una punta, un piquito. Recuerdo esto con cierta nostalgia y pienso que si volviera no dudaría en conocer la mística de la química andina a cincuenta centavos el levantón. Seguramente en los lugares fresas o jailones (como se les dice allá a los de la high society, los highlones) se ha de vender buena mierda, buena calidad, pero es algo que creo no tendré la oportunidad de comprobar.

De Bolivia tengo muchos recuerdos pero lo que tengo mejor grabado en la cabeza es lo que mi tío Carlos me dijo cuando me sacó a conocer la ciudad: la Paz es un agujero. Evidentemente se refería a las condiciones topográficas de la ciudad, pero esa frase tuvo una profundidad estremecedora. La Paz, un agujero, un hueco, un abismo. Suena interesante y más tratándose de una sociedad tan violenta y humillada.

La vida allá es pura jodidez aunque con los pocos dólares que llevaba me alcanzaba para todo lo que quería y más. Me sentía pudiente y en ese contexto lo era. Pero ahí me di cuenta que teniendo más poder adquisitivo mi vida seguía igual de jodida, me seguía enfermando, me seguían dando crudas, me seguía doliendo la cabeza, me seguía preocupando por la escuela y por los amigos y por la morra que no tenía y por los escritos que no escribía; el dinero me dejó la conciencia de que lo necesito para olvidarme de él aunque mi vida siga en la misma cochinada. Quizás con soda boliviana mi vida se hubiera levantado.

martes, abril 15, 2008

El celular y el cumbius interruptus

No sé con exactitud qué sensación me produce ver a las ficheras sentadas y en completa abulia mandando mensajes por celular. Pero lo peor no es eso, sino que una vez bailando las putas sigan mandando mensajes o contesten el celular y lo dejen a uno en cumbius interruptus. Afortunadamente eso no me ha pasado y no es que sea un puritano que sólo baila con su vieja o que no se mete a la pista con cualquiera, mis razones son de otra índole más sencilla: el dinero. No comprendo y creo que mi economía jamás me dejará comprender cómo los ñores y barriada diversa pueden costear bailes y tragos toda la noche. Es evidente que mis circunstancias son otras, que con uno o dos bailes salgo ganón y que me gusta pistear de a madre. Pero volviendo a la imagen inicial: la mujer enfrascada en su celular, mensajeando y hasta viendo fotos o jugando; el desconcierto que me genera es insuperable. Tal vez peco de simplista y amargado, pero se equivocarían en juzgarme de esa manera porque entre más mamona sea la puta más se me antoja mercarla. Así que, como iniciaba el texto, no sé con exactitud qué sensación me produce ver a las ficheras sentadas y en completa abulia mandando mensajes por celular pero me dan unas ganas locas de agarrarle las nalgas y sacarla a bailar.

También otra imagen que me produce esa misma sensación es ver morritas adolescentes encargadas de un negocio, por lo general de telefonía celular, completamente enajenadas con el celular, escuchando rolas de Intocable o reggeaton genérico mientras se planchan el cabello. Lo peor es que sean dos chavas: las dos mandando mensajes por celular, una le plancha el cabello a la otra, las dos escuchan subgéneros de reggeaton distintos y si uno las ve en buen momento hasta platican, pero por lo general es una imagen carente de rasgos emotivos. El peatón que además es galán y escribe este artículo nomás las wacha wacha de reojo sin ser pelado y atendido. Yo también atiendo un negocio, señores, un local en el centro de la ciudad y aunque ande aburrido nunca me pongo a mensajear como si no pudiera sacarle plática a las chavas guapas o a la raza locochona que pasan por ahí, y eso que me considero una persona huraña.

Pero el premio al desconcierto se lo lleva otra imagen poética: ya muy de madrugada una puta vieja, viejísima, comiendo palomitas afuera del hotel. No supe si se mandaba mensajes o qué, pero seguramente traía el celular en su bolsa y seguramente cogería comiendo palomitas y mensajeando por celular.

Desde que se jodió mi celular, creo que he sido una mejor persona, ya no engaño a nadie diciéndole que le voy a hablar, ni espero estúpido e inocente la llamada de un trabajo que nunca llegará.

martes, abril 01, 2008

Oficio y propuesta en la narrativa de Jaime Muñoz Vargas*

SinopsisJaime es un narrador con oficio. Es decir, conoce la historia y la teoría cuentística latinoamericanas y sus herramientas más sólidas para contar una historia. A Jaime se le ve impartiendo talleres y pláticas sobre cuento y microrrelato; es conocido por su apoyo al estudio y difusión literaria de la Comarca Lagunera. Muñoz Vargas es casi sinónimo de cuento clásico a la lagunera. Sin embargo, esta ponencia no busca explorar ese quehacer cuentístico harto conocido. Lo que busca es cotejar el oficio de sus narraciones breves con la propuesta literaria que nos ha despachado en dos novelas, aunque breves, muy diferentes de su faceta antes mencionada.

En las dos novelas de Jaime el oficio cede a la experimentación. El narrador explora y juega con el lenguaje y la estructura; explora la decadencia más oscura de un criminal parisino en El principio del terror, y juega con una doble historia, la palabra coloquial, la canción cardenche y el beisbol en Juegos de amor y malquerencia. En ambos títulos la constante es la reconstrucción histórica y la apuesta por una lectura diferente. Sin embargo, el nombre Muñoz Vargas, en la región, no dice nada tratándose de novelas, lo que resulta extraño y desconcertante, pues su narrativa más desafiante se encuentra en sus novelas.

Análisis de los temas
La narrativa cuentística de Jaime Muñoz Vargas (Gómez Palacio, Durango, 1964) se caracteriza por la rigidez formal y la estructura clásica. Sus temáticas desde el principio han tocado la vida lagunera, su territorio y su gente. Recordemos su primer libro de cuentos El augurio de la lumbre (1990), (que el mismo autor desdeña, pero que ejemplifica la preferencia temática de Muñoz Vargas): el relato más memorable y más afortunado “Azoro y trago largo” narra la tarde de unos adolescentes que van a la ya desaparecida Zona de Tolerancia de Torreón. En general, la narrativa primeriza de Muñoz Vargas se caracteriza por un estilo barroco y lento, acercándose a los temas regionales con cierta ingenuidad. En comparación, sus textos más recientes muestran una prosa económica, depurada y coloquial. La geografía de sus relatos insiste en la región Lagunera y en sus temas y tropos particulares; ésta vez con malicia narrativa y olfato casi perruno para encontrar los basureros más amargos de la vida local. En esta etapa más reciente Jaime ha dominado con oficio la estructura clásica del cuento. Ejemplo de esto se encuentra en el libro Las manos del tahúr (2005). En estas obras se lee a un Jaime más periodista de llano, con buen ojo y sensibilidad afilada para narrar.

A diferencia de sus cuentos, las novelas de Jaime Muñoz El principio del terror (1998) y Juegos de amor y malquerencia (2003) se alejan del rigor clásico y temático, dando paso a una exploración formal y conceptual, a una apuesta atractiva y desafiante para las letras laguneras. La primera novela El principio del terror se sitúa en la Francia de la guillotina; con una prosa con sabor a traducción y con matices sórdidos y crudos. En esta novela Jaime se olvida de La Laguna y el eufemismo barroco para describir las oscuras callejuelas de París con altas dosis de crudeza y malditez. Es un ejercicio narrativo arriesgado y extrañamente afortunado dentro de la narrativa muñozvargasiana. En Juegos de amor y malquerencia da un giro radical en su actividad novelística. Ya no habla de una metrópolis como París, sino de un ejido cerca de Torreón; y su prosa ya no se asemeja a una traducción decimonónica, se transforma en plática coloquial ejidataria-posrevolucionaria. La apuesta formal también cambia: Jaime inventa una historia a partir de una fotografía del Archivo Histórico de la UIA Laguna; en realidad construye dos historias: la supuesta historia de haberse encontrado los documentos que forman el libro y que su único trabajo fue transcribirlos y pulirlos para su publicación, y la historia de los Tereseros de Santa Teresa (los personajes de la novela). Aquí Muñoz Vargas juega con el género sin someterse a dogmas o estructuras predeterminadas, juega con el lenguaje del llano, juega con la condición norteña-ejidataria y sus costumbres. La constante en estas obras es la reconstrucción y apropiación histórica que hace el autor; es decir, se lee a un Jaime investigador y trasgresor de sus propios dogmas.

Si juzgamos la obra por su apuesta literaria y su capacidad para arriesgar y proponer una lectura diferente, las dos novelas de Jaime Muñoz Vargas superan los cuatro volúmenes de cuentos que, como ya se mencionó, están construidos mediante rigurosas estructuras clásicas. Que esto no se malentienda: Jaime es un prosista que ha evolucionado con acierto; sin embargo, su narrativa cuentística se identifica con el oficio, y su novelística con la propuesta literaria.

Síntesis propositivaEl oficioEl oficio se identifica con un desempeño habitual. También se dice que alguien tiene oficio porque hace las cosas bien, con oficio. En literatura, el oficio relaciona ambas cosas: un desempeño habitual bien hecho, es decir, que domina las herramientas literarias técnicas, estilísticas y que posee sensibilidad para darle sazón a sus textos. Los cuentos de Jaime Muñoz Vargas pertenecen a este tipo de textos. Jaime juega con lo que tiene a la mano, acierta y continúa con el juego.

La propuestaLa propuesta es una proposición, una idea distinta que se ofrece a alguien. En el caso literario, hablamos de propuesta como una apuesta, como un jugar arriesgando algo que bien se puede perder o acertar. Las novelas de Jaime Muñoz son propuestas distintas entre sí, pero que ambas arriesgan el lenguaje y el género. Jaime mete toda la carne al asador en sus juegos novelísticos, juega con la prosa, juega con la estructura y juega con el lector.
*Ponencia leída en el Primer Encuentro de Escritores Coahuilenses (7 y 8 de marzo 2008, Torreón, Coah.)