sábado, agosto 29, 2009

Sueños para una generación sin música


En los ochenta la música hacía caricias. La cultura de masas iniciaba su revolcón con la industria discográfica y de modas. Por eso el amor es un peligro: creó las canciones más melosas, insípidas y carentes de ingenio de la historia. Los ochenta triunfaron en la cultura popular y se degeneraron en esa década perdida de los noventa.

Pero esto es mainstream. Y aquí el mainstream no hace justicia a su época. Hay que forzar la memoria y recordar que antes de los medios y la industria estaba la música. Y antes que la armonía, el ruido.

Bajo toda esa capa de glam y beats intrascendentes, se gestaba otro movimiento, igualmente ochentero, pero contestatario, experimental, principalmente juvenil. De esa época y de ese ambiente underground neoyorquino nace Sonic Youth: una revalorización del rock a partir del ruido. Una música que no hace caricias.

Los Sonic Youth fueron radicales: llevaron la experimentación noisy y punk al grado de himno generacional. A veinte años de su disco más influyente, Daydream nation, el desengaño y la violencia de sus composiciones suena como el soundtrack perfecto para una juventud que sigue sin encontrar su lugar en la cultura de masas.

Daydream nation es una apuesta musical. Y más que eso es el punto donde los sonidos de vanguardia y experimentación junto con el sentimiento de asfixia juvenil convergen. Es una revitalización del rock. Sonic Youth carga de dramatismo, violencia y lírica el sonido y letra de sus canciones.

Veinte años no son muchos si lo comparamos con otros discos de rock que han marcado época. Pero Daydream nation tiene un sonido tan actual, tan perfecto para momentos en que la industria musical nos vende pop con apariencia de rock duro, que parece que la exageración glam no ha muerto. Veinte años demuestran que el sonido de Sonic Youth sigue siendo independiente, sigue abriendo nuevos caminos eléctricos; más feedback y noise para el aburrimiento y el zapping. Un consejo de la generación que vio cómo el mercado consumía las masas: Yr life is such a mess / forget the past, and just say yes.

Daydream nation podría haber sido un disco depresivo como si vislumbrara el rock alternativo de los noventa y tal vez ahí hubiera acabado todo, pero el punk y la experimentación se impusieron con rabia. No hay lugar para la autolamentación en un mundo salvaje. Por eso la música y las voces de Sonic Youth suenan como una batalla entre cotidianidad y delirio; un diálogo animal entre guitarras autónomas, una batería salvaje, vocalistas que parecen oficiar con furia o melancolía el fin o el inicio de una era: come on down to the store / you can buy some more, and more, and more, and more.

Después de veinte años del lanzamiento de Daydream nation Sonic Youth se escucha necesario. No sólo se convirtió en un clásico por su aportación a la historia del rock mundial, se convirtió en un clásico por necesidad: un álbum que reúne la frustración de una generación en una nueva búsqueda musical con riffs jamás escuchados. En otras palabras: sueños para una generación sin música o música para los sueños de una generación, daydreaming days in a daydream nation.

viernes, agosto 28, 2009

La novela es nuestra vida más intensa: Heriberto Yepez


http://www.revistareplicante.com/17/index.php?sk=art&nm=209
Hay que leerlo: Yepez vs Fuentes (o lo que queda de él) en Carta a un viejo novelista. Qué bueno que no le tembló la pantaleta a Replicante.

miércoles, agosto 19, 2009

Los oficios a través del poeta


http://www.lag.uia.mx/acequias/acequias42/a42LosOficios.pdf
Revista Acequias año 10, no. 42, invierno 2007.

Las narraciones de un tahúr


http://www.lag.uia.mx/acequias/acequias39/a39lasnarraciones.pdf
Revista Acequias año 9, no. 39, primavera 2007.

Esa cumbia


http://www.lag.uia.mx/acequias/acequias37/el_barco_y_esa_cumbia.pdf
Revista Acequias Año 9, no. 37, otoño 2006.

Capas de silencio


http://www.lag.uia.mx/acequias/acequias36/capas_del_silencio.pdf
Revista Acequias año 9, no. 36, verano 2006.

Laberinto intrerior


http://www.lag.uia.mx/acequias/acequias28/acequias28.pdf
Revista Acequias año 7, no. 28, verano 2004, pp. 59-63.

jueves, mayo 15, 2008

Empresa líder en fabricación de sustancias ilegales busca puchador

Que quede claro de una puta vez: todas las empresas de Torreón y Gómez pequeñas o grandotas, fondas o cadenas de charratiza, míseras o exitosas, todas, todastodastodas son Empresas Líderes en el rubro comercial de su desempeño real o imaginario. Es decir, todas son la mejor opción para trabajar, son el caldo de cultivo para el desarrollo de las mejores secretarias, obreros, parrilleros, oficinistas, supervisores, gerentes, ingenieros, vendedores, albañiles, maistros y todos los demás oficios y profesiones que se les ocurra inventar a los expertos en los negocios. Si esto no lo creen sólo vean la sección de clasificados-empleos en cualquier periódico. Queda claro: cualquiera puede comprar un anuncio de tres o cuatro líneas para anunciarse como Empresa Líder y pagar un sueldo de burla. Esto lo pueden hacer ellos.

En cambio, un recién egresado no puede anunciarse como el Empleado Líder y ganar un sueldo de jefazo en su primer entrevista de trabajo, a menos que sea un mamonsete y haya salido del Tec de Monterrey.

No creo en los líderes pero tiene que haberlos, así como no creo en los emprendedores pero son una especie de plaga optimista que merece existir. Así creo que surgen trabajos tan diversos e historias de éxito o fracaso o de locura cotidiana. Enhorabuena pues por los emprendedores y los líderes, pero ¿el resto, la masa flojonaza o desempeñada en el ocio o las sanguijeuelas chupasueldosdesuspadres o vividoresdelgobierno o los yonquis o los viejos, esos monstruos desarticulados que antes fueron hombres o mujeres (parafraseando a Baudelaire) dónde quedamos? Nosotros somos la estadística del retraso. No formamos parte de la sociedad ideal. Lástima. Los pobres, como quiera, forman parte de la estructura capitalista, ellos sí están contemplados.

Y uno no es Bukowski. Quiero decir que uno (o sea un burgués, un licenciado y con la obsesión maldita de ser un escritor) no siempre puede tomar cualquier empleo y vivir de alcohol, sexo y miseria. Las experiencias límite no reemplazan al talento. Aunque algo de vida real para alguien que acaba de salir del terruño universitario es urgente. Por eso desde este pequeño y modesto blog solicito a los Líderes y Emprendedores de Hoy que abran nuevos empleos para los escritores, es decir, pequeños espacios que no alejen al escritor de su actividad literaria, que lo satisfagan económicamente y que le den tiempo para trabajar y pulir su obra. Ejemplos pueden ser muchos (de Bukowski hemos aprendido que siempre habrá trabajos peores y más denigrantes que el de uno) pero que el requisito sea querer ser escritor, así nomás.

Empresa líder en espectáculos desnudistas solicita escritor para atender la barra. Facilidad de palabra, conocimiento de bebidas. Llevar solicitud de empleo, currículo y muestra de obra a…

miércoles, abril 23, 2008

El cinismo de Sísifo

Al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1957, Albert Camus dijo en su discurso: indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podría hacerlo, pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. A poco más de 50 años de este discurso el panorama mundial no ha cambiado radicalmente. Camus decía de la generación de su época que era heredera de una historia corrompida en la que se mezclan revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas. Todo esto al servicio del odio y la opresión. Con este discurso Albert Camus definía el papel del escritor en la sociedad contemporánea, una sociedad que, pese a medio siglo de distancia, no nos es tan lejana. La pregunta camusiana obligatoria sería ¿qué labor le toca a nuestra generación? No me atreveré a responder con discursos morales cliché y de mal gusto. Ni siquiera pretendo mover consciencias ni dejar la pregunta de tarea ni alarmar a nadie ni nada.

Con frecuencia la novela El extranjero (1942) ha sido utilizada como ejemplo de la carencia de valores y la antipatía del hombre del periodo entre (y pos)guerras. El protagonista, Meursault, según esta visión, no es un símbolo sino un retrato, una descripción fiel de la humanidad despojada de responsabilidad y culpa. ¿De qué se le culpa al personaje? De un homicidio, pero la falta mayor es no mostrar sentimientos, no sentir culpa por matar a un hombre y por no sentir nada frente al cadáver de su madre. Creo que se puede extender esta escena y decir que la sociedad de esa época mató a otros hombres y no sintió nada frente al derrumbamiento de las generaciones anteriores (su madre). Los rebeldes, los existencialistas (y los abanderados como no-existencialistas pero con una sensibilidad absurda como Albert Camus) fueron los que denunciaron esto y trataron de remediarlo. Hoy las cosas parecen un poco diferentes, al menos a grandes rasgos: seguimos matando al prójimo y seguimos enterrando a nuestra madre (las generaciones que nos anteceden) pero hoy hacemos de eso una fiesta (en el mejor de los casos) o un deporte o un comercio. Pareciera que la labor de nuestra generación fuera hacer olvidar que el mundo se deshace o convertir el derrumbe en un espectáculo maravilloso pay per view. Pero esta no es una respuesta definitiva. Es una divagación aleatoria, un poco de cinismo. En última instancia, yo también participo en el espectáculo, nomás que no soy el rockstar que siempre quise, el güerito rebeldoso y drogadicto a la Kurt Cobain o el mesiánico Jim Morrison.

No terminaré reclamando a la historia o al cosmos o al hacedor de su preferencia porqué no existen más Albert Camus o porqué no soy como él. Más bien, terminaré como tantas veces decía Meursault: Todo esto no significaba nada. De todos modos uno es siempre un poco culpable.

miércoles, abril 16, 2008

Yo no probé la soda boliviana

Ésta es una confesión bochornosa: yo no probé la soda boliviana cuando estuve en La Paz, Bolivia, el paraíso de la cocaína. Lo que hice y lo que probé no tiene caso mencionarlo aunque, también debo confesar, la comida tradicional o simplemente el sazón de allá tiene su encanto. Bien, no probé soda boliviana, se vendía desde cincuenta centavos y/o dos pesos bolivianos en la calle la Garita o la Argentina, pero no metí ese polvo en mi nariz. Ignoro también la calidad de esas bolsitas para apenas un pasón, una esquina, una punta, un piquito. Recuerdo esto con cierta nostalgia y pienso que si volviera no dudaría en conocer la mística de la química andina a cincuenta centavos el levantón. Seguramente en los lugares fresas o jailones (como se les dice allá a los de la high society, los highlones) se ha de vender buena mierda, buena calidad, pero es algo que creo no tendré la oportunidad de comprobar.

De Bolivia tengo muchos recuerdos pero lo que tengo mejor grabado en la cabeza es lo que mi tío Carlos me dijo cuando me sacó a conocer la ciudad: la Paz es un agujero. Evidentemente se refería a las condiciones topográficas de la ciudad, pero esa frase tuvo una profundidad estremecedora. La Paz, un agujero, un hueco, un abismo. Suena interesante y más tratándose de una sociedad tan violenta y humillada.

La vida allá es pura jodidez aunque con los pocos dólares que llevaba me alcanzaba para todo lo que quería y más. Me sentía pudiente y en ese contexto lo era. Pero ahí me di cuenta que teniendo más poder adquisitivo mi vida seguía igual de jodida, me seguía enfermando, me seguían dando crudas, me seguía doliendo la cabeza, me seguía preocupando por la escuela y por los amigos y por la morra que no tenía y por los escritos que no escribía; el dinero me dejó la conciencia de que lo necesito para olvidarme de él aunque mi vida siga en la misma cochinada. Quizás con soda boliviana mi vida se hubiera levantado.

martes, abril 15, 2008

El celular y el cumbius interruptus

No sé con exactitud qué sensación me produce ver a las ficheras sentadas y en completa abulia mandando mensajes por celular. Pero lo peor no es eso, sino que una vez bailando las putas sigan mandando mensajes o contesten el celular y lo dejen a uno en cumbius interruptus. Afortunadamente eso no me ha pasado y no es que sea un puritano que sólo baila con su vieja o que no se mete a la pista con cualquiera, mis razones son de otra índole más sencilla: el dinero. No comprendo y creo que mi economía jamás me dejará comprender cómo los ñores y barriada diversa pueden costear bailes y tragos toda la noche. Es evidente que mis circunstancias son otras, que con uno o dos bailes salgo ganón y que me gusta pistear de a madre. Pero volviendo a la imagen inicial: la mujer enfrascada en su celular, mensajeando y hasta viendo fotos o jugando; el desconcierto que me genera es insuperable. Tal vez peco de simplista y amargado, pero se equivocarían en juzgarme de esa manera porque entre más mamona sea la puta más se me antoja mercarla. Así que, como iniciaba el texto, no sé con exactitud qué sensación me produce ver a las ficheras sentadas y en completa abulia mandando mensajes por celular pero me dan unas ganas locas de agarrarle las nalgas y sacarla a bailar.

También otra imagen que me produce esa misma sensación es ver morritas adolescentes encargadas de un negocio, por lo general de telefonía celular, completamente enajenadas con el celular, escuchando rolas de Intocable o reggeaton genérico mientras se planchan el cabello. Lo peor es que sean dos chavas: las dos mandando mensajes por celular, una le plancha el cabello a la otra, las dos escuchan subgéneros de reggeaton distintos y si uno las ve en buen momento hasta platican, pero por lo general es una imagen carente de rasgos emotivos. El peatón que además es galán y escribe este artículo nomás las wacha wacha de reojo sin ser pelado y atendido. Yo también atiendo un negocio, señores, un local en el centro de la ciudad y aunque ande aburrido nunca me pongo a mensajear como si no pudiera sacarle plática a las chavas guapas o a la raza locochona que pasan por ahí, y eso que me considero una persona huraña.

Pero el premio al desconcierto se lo lleva otra imagen poética: ya muy de madrugada una puta vieja, viejísima, comiendo palomitas afuera del hotel. No supe si se mandaba mensajes o qué, pero seguramente traía el celular en su bolsa y seguramente cogería comiendo palomitas y mensajeando por celular.

Desde que se jodió mi celular, creo que he sido una mejor persona, ya no engaño a nadie diciéndole que le voy a hablar, ni espero estúpido e inocente la llamada de un trabajo que nunca llegará.